10 de abril de 2007

Subir una escalera



Subir una escalera

de Julio Cortazar
Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de tal manera que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se esta en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un poco más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizás más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el otro pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternativamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

30 de marzo de 2007

Ruina de Federico García Lorca



RUINA

A Regino Sainz de la Maza

Sin encontrarse.
Viajero por su propio torso blanco.
Así iba el aire.

Pronto se vio que la luna
era una calavera de caballo
y el aire una manzana oscura.

Detrás de la ventana,
con látigos y luces, se sentía
la lucha de la arena con el agua.

Yo vi llegar las hierbas
y les eché un cordero que balaba
bajo sus dientecillos y lancetas.

Volaba dentro de una gota
la cáscara de pluma y celuloide
de la primer paloma.

Las nubes, en manada,
se quedaron dormidas contemplando
el duelo de las rocas con el alba.

Vienen las hierbas, hijo;
ya suenan sus espadas de saliva
por el cielo vacío.

Mi mano, amor. ¡Las hierbas!
Por los cristales rotos de la casa
la sangre desató sus cabelleras.

Tú solo y yo quedamos;
prepara tu esqueleto para el aire.
Yo solo y tú quedamos.

Prepara tu esqueleto;
hay que buscar de prisa, amor, de prisa,
nuestro perfil sin sueño.

Federico García Lorca (1898 - 1936)

21 de marzo de 2007

Marguerite Duras y las ONGs



"Las ONG fueron creadas por Naciones Unidas a instancias de los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y Alemania. Hoy ya sé, con todo lujo de detalles, que todas colaboran directa o indirectamente con ese Sistema de oprobio y
miserias."

Marguerite Duras (1914-1996):

http://es.wikipedia.org/wiki/Marguerite_Duras

¿BAILAMOS?



¿BAILAMOS?

Dra. Liliana Szabó


Según la antropóloga Ángeles Arrien, si una persona consultara a un chamán quejándose de sentirse desalentada, desanimada o deprimida, el chamán le haría las siguientes preguntas:
"¿Cuándo ha dejado usted de bailar? ¿Cuándo ha dejado usted de cantar? ¿Cuándo ha dejado usted de sentirse fascinado por un cuento? ¿Cuándo ha dejado usted de encontrar consuelo en el dulce territorio del silencio?"La civilización nos ha traído muchos beneficios y comodidades, pero también nos ha alejado del contacto con lo más profundo de nuestra propia alma, nos ha separado de ese ser primitivo y salvaje que todos llevamos dentro. Esa parte nuestra capaz de vivir en el absoluto presente, capaz de conectarse con la naturaleza de las cosas, capaz de dejarse llevar por la corriente de la vida sin demasiadas explicaciones ni interpretaciones mentales. Cuando hablo de lo "primitivo y lo salvaje", no me estoy refiriendo al caos ni al descontrol, sino todo lo contrario, a lo más puro de nuestra esencia como seres humanos, a lo no contaminado por los juicios y temores de nuestra mente: a ese centro desde el cual podemos danzar confiados sin caer.

A veces vamos por la calle absortos en pensamientos y preocupaciones y de repente escuchamos el canto de un pájaro, la risa de un niño, una música que alguien está tocando, y entonces algo se nos mueve adentro, un impulso dormido de conectarnos con ese "algo más" que nos ofrece la vida, y surge el deseo de dejar atrás la mente, entregándonos al momento como si este fuera lo más importante para nosotros (y tal vez lo sea...).

En la consulta homeopática observo tantas veces niños aburridos, que solo desean comer golosinas y ver televisión, padres ocupados las 24 horas del día, madres tristes, familias sin alegría. Y más allá del remedio homeopático que pueda ayudar a equilibrar la energía de cada paciente, siento enorme necesidad de "abrir una ventana" con otra perspectiva. Bailar, cantar, jugar, contar historias; son actividades capaces de recuperar la alegría y crear armonía en cualquier grupo humano. También es hermoso recuperar los espacios de silencio, apagar la televisión y la radio, dejar de llenar el vacío con el ruido exterior para poder escucharnos y escuchar a los otros.

Hoy quiero darle un lugar especial a la danza. En homeopatía existe un síntoma en nuestros Repertorios que se llama "Bailar". Siempre me pregunté porqué bailar tendría que ser un síntoma patológico en ningún caso, salvo que sea compulsivo y que le haga daño al que lo padece. Por el contrario, la danza es uno de los muchos recursos terapéuticos fácilmente accesibles que tenemos a nuestra disposición en forma totalmente gratuita. Y los niños criados en un ambiente de libertad y respeto, bailan espontáneamente en la gran mayoría de los casos, expresando así su alegría de estar vivos. De manera que el síntoma "Bailar" pocas veces lo tengo en cuenta.
Podemos bailar con cualquier música que nos agrade, no hace falta conocer ninguna técnica. Podemos bailar solos o en compañía, en nuestra casa, en medio del campo o en un salón de baile. Hasta podemos seguir el ritmo de la música sentados o en un auto, ya que no es imprescindible mover todo el cuerpo para sentir el efecto de la danza.

No importa dónde ni cómo ni cuándo, el hecho de permitir que la música inunde cada una de nuestras células, que haga vibrar todas nuestras fibras, que nos lleve a movernos sin esfuerzo dentro de las posibilidades de cada uno, es suficiente para experimentar un bienestar instantáneo en todo nuestro Ser. Cuando danzamos, la mente descansa, no hay lugar para el pensamiento cuando estamos sumergidos en el placer sensorial del movimiento. El corazón olvida sus penas, las tristezas se disuelven como por encanto. En la danza está presente el Cuerpo junto con el Alma y ambos se mueven al unísono en perfecta comunión.

Y los niños son los que mejor saben esto: no dudan en ponerse a bailar con cualquier estímulo, en cualquier lugar, es por eso que es tan importante tratar de no cercenar este impulso tan vital de expresarse. El rostro de una persona completamente entregada al ritmo de una música nos habla de una alegría profunda, de una experiencia absolutamente vital. Muchos padres de adolescentes sufren cuando los hijos empiezan a salir de noche para ir a bailar. Más allá de que los lugares disponibles tal vez no sean ideales (cerrados, con humo de cigarrillo, consumo de bebidas alcohólicas, etcétera), en realidad es una actividad muy saludable y la mayoría de los chicos la disfruta y encuentra un equilibrio en esta especie de ritual de seguir el ritmo junto con sus pares.

En estos tiempos difíciles que estamos viviendo, también podemos aprender a danzar con la vida, a dejarnos llevar por la música de los acontecimientos sin oponer resistencia, aunque participando en forma conciente de su dirección y sentido, tratando de interpretar y comprender el significado de lo que nos está ocurriendo, aprovechando cada giro, cada cambio de compás, cada modificación del ritmo de cada día, para poder bailar nuestras experiencias amorosa y armoniosamente. De esta manera podemos transformarnos en mejores seres humanos y tener mas chances de disfrutar de nuestra vida.

Dra. Liliana Szabó

14 de marzo de 2007

Dicen que me case yo


Dicen que me case yo...

Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.


Más quiero vivir segura
en esta sierra a mi soltura,
que no estar en la aventura
de si casaré bien o no.
Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

Madre, no seré casada
por no ver vida cansada,
o quizá mal empleada
la gracia que Dios me dio.
Dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

No será ni es nacido
tal para ser mi marido;
y pues que tengo sabido
que la flor ya me la só,
dicen que me case yo:
no quiero marido, no.

Gil Vicente (1465-1536)