6 de marzo de 2008

Malas y buenas noticias



Malas y buenas noticias

Santiago Alba Rico
encuéntralo en rebelion.org
Renderén*

Hay siempre malas y buenas noticias.

La buena noticia es que en España circulan 26 millones de automóviles privados; que 8.000 km2 están ocupados por carreteras, calles y aparcamientos; que hay 43 millones de teléfonos móviles; que utilizamos 60.000 millones de envases de plástico y cartón; que comemos 175 kilos de carne por persona y año; que sólo en la Comunidad de Madrid hay 500.000 casas vacías; y que cada minuto gastamos en distintas chucherías -comestibles o electrodomésticas- 600.000 euros.

La mala noticia es que, según la OMS, unos trece millones de personas mueren cada año en el mundo debido al deterioro del medio ambiente, 200.000 de entre ellas como consecuencia directa del cambio climático.

La mala noticia es que, según Al Gore, “el casquete polar nórdico está derritiéndose y desmoronándose y podría desaparecer completamente durante el verano en menos de 22 años”.

La buena noticia es que, según la periodista Amy Goodman, “las grandes empresas ya están celebrando la ruptura del casquete polar, pues abrirá una ruta marítima en el norte desde el Atlántico al Pacífico, creando una vía más barata para transportar más cosas innecesarias”.

La buena noticia es que arrojamos a la atmósfera, todos los días, 70 millones de toneladas de partículas contaminantes.

La mala noticia es que las empresas que contaminen por encima de lo previsto en los protocolos de Kioto tendrán que comprar a otras empresas su derecho a sobrecontaminar a un precio de aproximadamente 10 euros por tonelada de CO2.

La buena noticia es que 80 millones de aviones sobrevuelan nuestras cabezas todos los años y que en el año 2010 el número de viajes turísticos alcanzará los 1.100 millones.

La mala noticia es que, según Francesco Frangialli, director general de la Organización Intermacional del Turismo, los destinos preferidos de nuestros consumidores -paradisíacas playas y centros de esquí- habrán desaparecido quizás en pocos años.

La mala noticia es que consumimos 75 millones de barriles de petroleo al día y para el 2015 la demanda habrá aumentado en un tercio más.

La buena noticia es que para afrontar la inevitable escasez de combustible y la correspondiente crisis energética y alimentaria, los ricos de EEUU tendrán que deshacerse en los próximos cincuenta años de 92 millones de estadounidenses si quieren mantener sus niveles de crecimiento y consumo; los del resto del mundo deberán suprimir a 4.250 millones de seres humanos.

La buena noticia es que en este mundo y bajo estas condiciones es muy difícil distinguir las buenas de las malas noticias. ¿O es ésta quizás la mala noticia?

Durante dos décadas, gobiernos y multinacionales -con EEUU a la cabeza- han negado, cuestionado o matizado la realidad del cambio climático. Ahora, la concesión del premio Nobel de la Paz a Al Gore, millonario ex-vicepresidente del país más ambientalmente agresivo del mundo, viene a revelar, no la conciencia repentina de un desastre inminente y la voluntad de autocorrección, sino la necesidad de gestionar esa conciencia -asentada desde hace tiempo en gran parte de la población- sin cuestionar el modelo del que proceden las amenazas. Mediante el control institucional de la alarma ecológica, gobiernos y multinacionales buscan obtener ventajas de un peligro que no pueden ya ocultar. En primer lugar, tratan de generar la tranquilizadora ilusión de que se están tomando medidas, de que hay siempre una solución tecnológica a los excesos de la tecnología y de que hay una alternativa capitalista a los desastres del capitalismo. En segundo lugar, orientan la atención hacia la responsabilidad individual, con el doble efecto de afirmar el espejismo de nuestras libertades atómicas dentro del mercado y de impedir las conexiones colectivas, tanto en las causas como en las respuestas. Por último y como resultado de lo anterior, el cambio climático queda inscrito dulcemente en la ecuación naturaleza-capitalismo bajo la forma de un Sujeto o Agente mitológico, fuente él mismo de los males que nombra, hacia el que las víctimas no pueden dejar de dirigir su rencor: “El Cambio Climático alarga el verano”, “el Cambio Climático aumenta el riesgo de tsunamis”, “el Cambio Climático eleva el nivel de los mares”. El cambio climático deja de ser el resultado de una intervención estructural a gran escala sobre y contra la naturaleza para convertirse más bien en el objeto natural -adverso y tenebroso- de un haz de intervenciones individuales salvíficas magistralmente coordinadas por Unión Fenosa, Repsol y Monsanto.

¿Desarrollo sostenible? ¿Crecimiento sostenible? ¿Canibalismo sostenible? La fuente de toda riqueza, recordaba Marx a los socialdemócratas alemanes, “no es el trabajo sino la naturaleza”. Bajo el capitalismo, la fuente de toda riqueza no es la naturaleza ni el trabajo ni la explotación ni el saqueo sino la hipótesis material de una acumulación -y una destrucción- ilimitadas. Hace ya tiempo que la humanidad, empujada por una combinación mortal de tecnología y capitalismo, ha cruzado ese umbral a partir del cual la fuerza misma de la que depende nuestra supervivencia depende de nuestra intervención para sobrevivir. La naturaleza que nos sostiene ya no se sostiene a sí misma. Frente a ella lo único que se sostiene a sí mismo, el único “organismo” autorregulado e irreformable, es precisamente el capitalismo que la destruye sin cesar, amenazando su supervivencia como hogar y nodriza de los seres humanos (por no hablar de aves, mamíferos y plantas). Sólo la pusilanimidad o el interés más ciegos pueden creer aún que es posible estar al mismo tiempo en contra del cambio climático y a favor del mercado. “Deprisa, deprisa”, escribía Primo Levi en un poema de 1987 dirigido con amargura a los responsables de esta fragilidad sin precedentes de la especie humana: “deprisa, deprisa, ampliemos el desierto/ en las selvas del Amazonas/ en el corazón vivo de nuestras ciudades/ en nuestros propios corazones”. Deprisa, deprisa -más deprisa aún- debemos expropiar las empresas, planificar la economía, regular el consumo, ralentizar nuestras ciudades, poblar nuestros corazones, como última posibilidad de mantener con vida una naturaleza que hemos combatido, saqueado, vencido y a la que ahora -tal vez demasiado tarde- hay que sostener y regular desde fuera -expresión ominosa del daño infligido y del peligro creciente.

La mala noticia es que el capitalismo ni se detendrá ni se destruirá solo -salvo para destruir con él la humanidad misma.

La buena noticia es que todavía respiramos.

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* Renderén es el nombre de un colectivo anarquista gallego y de una revista en papel cuyo primer número, que acaba de salir, está dedicado a "La falacia de la sustentabilidad". Escrito en su mayor parte en lengua galega, los interesados en obtener información complementaria pueden consultar: http://renderen.blogspot.com

13 de febrero de 2008




"Con demasiada frecuencia
subestimamos el poder de un roce,
una sonrisa, una palabra amable,
un oído atento, un cumplido sincero,
o el menor acto de interés ...
todos los cuales tienen el poder de
cambiar por completo una vida"


Leo Buscaglia

11 de febrero de 2008

Vida retirada por Fray Luis de León



ODA I
VIDA RETIRADA

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio Moro, en jaspe sustentado!

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si, en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh monte, oh fuente, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro pone olvido.

Téngase su tesoro
los que de un falso leño se confían;
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla,
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserable-
mente se están los otros abrazando
con sed insacïable
del peligroso mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.

Fray Luis de León (1527-1591)

7 de febrero de 2008

"El matricido" por Casilda Rodrigañez


imagen: extracto de "Las tres edades" de Gustav Klimt

"Creo que después de 4000 años de matricidio (más o menos, según los sitios), las mujeres hemos empezado a tomar en nuestras manos la recuperación de la maternidad. La sociedad patriarcal se levantó sometiendo a la mujer, privándola de sus deseos e institucionalizando (Adrianne Rich) una maternidad corrompida. Una maternidad a la que se le sustrajo el impulso de la libido y se la desvinculó de la sexualidad, haciendo funcionar la fisiología del aparato reproductor de la mujer de manera robotizada, sin deseo ni placer (Merelo-Barberá)."

EL MATRICIDIO
Casilda Rodrigáñez Bustos